Resumen:
José
Carrera describe en su artículo América
Latina: mucha agua, pero mal repartida la discrepancia entre la producción potencial
y la real y el papel que tiene la situación económica de Latinoamérica. Defiende
la idea que un énfasis en la seguridad hídrica (y también la seguridad alimentaria)
es crucial para el desarrollo de los países de la región y sus posiciones geopolíticas.
Empieza describiendo los recursos favorables que tiene el región, como la
presencia de una tercera parte del agua dulce del mundo y el porcentaje significante
(28%) de sus terrenos que tienen la potencial para la agricultura. Desde allí, Carrera
habla de la necesidad de mejorar la seguridad hídrica aumentando la eficacia de
los recursos hídricos y su distribución. También describe el papel potencial de
los recursos del agua latinoamericana en el desarrollo y la implementación de
energías renovables. Concluye que las inversiones en el sector hídrico ofrecerían
lo que la región necesita para estimular su desaceleración económica actual. Por
eso, el énfasis en estas seguridades provee una estrategia para mejorar significativamente
la calidad de vida de los pueblos latinoamericanos y para adoptar una posición económica
y geopolítica más dominante.
Análisis:
Mientras
que estoy de acuerdo con el autor que el desarrollo de la seguridad hídrica y
alimentaria es crucial para sostener el crecimiento de la población en el
mundo, tengo dudas significantes sobre la idea que este desarrollo mejorará la posición
de países latinoamericanos en el mundo sin la consolidación considerable del
poder político en sus gobiernos o algunos empresarios. Por eso, no estoy seguro
que el desarrollo de lo que habla Carrera promueva las economías latinoamericanas
al nivel de los países más poderosos, ni que mejore los ingresos o la calidad
de vida de los poblaciones de estos países.
Las
economías con posiciones geopolíticas importantes debido a sus recursos han
estado muy vulnerables históricamente. Por un lado, los gobiernos de OPEC parecen
tener mucha influencia por la posesión de recursos petroleros y su casi
monopolio en la venta de estos recursos. Por otro lado, se ha mostrado la dependencia de esos países de
la necesidad constante de otros países de sus recursos cuando las ventas de
petróleo en otros países (como Canadá) disminuyeron sus precios. De la misma
manera, la producción agrícola en otros países prevendrá la posibilidad de asumir
un papel principal en la economía mundial.
Aparte
de la vulnerabilidad de economías centralizadas, la consolidación de poder
necesaria para centrar las economías latinoamericanas en la seguridad hídrica fortalecería
los regímenes latinoamericanos en una manera que consolida el todo el poder
gubernamental en las élites. Un cambio como este empoderaría un régimen
dictatorial. Se pueden ver tales efectos en los regímenes de Rusia o de
Venezuela hoy.
También se puede decir que la situación para
una economía enfocada en la seguridad hídrica y alimentaria es muy diferente de
la para economías petroleras. Se dijo que los países que se especializan en la
agricultura no sufren de las mismas vulnerabilidades que los exportadores del
petróleo. Debido a que no hay un método alternativo de sostener a una
población, la agricultura no sufre de las mismas faltas de demanda que ha
experimentado el mercado para el petróleo. También se argumenta que el
desarrollo de la seguridad hídrica y alimentaria no tiene la misma potencial de
amplificar el poder y riqueza de algunos encima de todos los otros. El
desarrollo de energía sostenible ha ocurrido mucho en las economías abiertas y
en los países democráticos, y los costos que lo acompañaban no han atraídos a los
regímenes dictatoriales.
Aunque
la demanda para la comida es constante y que los regímenes dictatoriales generalmente
tienen políticas de energía enfocada en el petróleo o el carbón, esos factores
no proveen seguridad contra otras vulnerabilidades. Países que se concentran en
la producción agrícola han tenido una vulnerabilidad particular a los eventos
climáticos extremos. Esta dinámica es muy evidente en países como China, donde
hambrunas que acompañaron las sequias han decimado la población. Para proteger
sus recursos contra las sequías y inundaciones, los países latinoamericanos
necesitarían unir sus recursos hídricos y alimentarios en toda la región,
sacrificando su soberanía por un sistema regional. Esto ofrecería también la
oportunidad para regímenes más fuertes a dominar sus vecinos.
En resumen, mientras que hay
muchas razones para desarrollar la seguridad hídrica y alimentaria, las
opciones de los gobiernos tienen tanta-si no más-probabilidad de empeorar la
situación en la región que mejorarla. No
pretendo a decir que los países que tienen la oportunidad no deban centrar en el
desarrollo de estos sectores de sus capacidades y economías, pero creo que los
gobiernos, empresarios y poblaciones de la región y el mundo deben tener
cuidado que no empeoran sus situaciones.
Preguntas:
1. ¿Cómo pueden los estados aumentar sus
capacidades de responder a los eventos climáticos extremos? ¿Es preferible que
las mejoras originan con los gobiernos, los empresarios privados, la comunidad
internacional u otros actores? ¿Por qué?
2. ¿Cómo afectan el medio ambiente los
esfuerzos para desarrollar más del potencial hidroeléctrico económicamente
explotable? ¿Cómo afectan el desarrollo hidroeléctrico los esfuerzos de
preservar el medio ambiente? ¿Hay un conflicto?
3. Es claro que el desarrollo hidroeléctrico
mejorará la calidad de vida en la región, pero ¿cómo se puede reducir la
pobreza, particularmente en los sectores de la economía afuera de la
agricultura?
Enlace:
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/18/america/1458326412_391391.html



